Seleccionar página

En el mundo del vino todos tenemos nuestros gustos y manías, la mía era que el Rioja no me convencía. Desde esta semana ya me he convertido al #Martelismo y al Rioja de la mano de los amigos de Rioja Alta y Torre de Oña.

Os recomiendo la visita a Torre de Oña, una bodega grande para los que estamos acostumbrados a las pequeñas explotaciones de los colleiteiros del Ribeiro, pero suficientemente pequeña para que la experiencia sea muy personalizada.

Para que os hagáis una idea, Torre de Oña produce aproximadamente 400.000 botellas al año y es muy pequeña en proporción a las grandes bodegas de La Rioja.

Crónica de la visita a Torre de Oña

Su historia comienza con un empresario cubano compra los terrenos y monta la bodega para su hija enóloga, su aventura dura poco y es comprada por el Grupo Rioja Alta, ya sabéis, los de Viña Ardanza, Viña Alberdi… Con ellos se moderniza la explotación y desde 1995 surgen nuevos vinos, resultado de vinificar por separado cada una de las parcelas. Son Finca Martelo, Finca San Martín, Torre de Oña y el vino del club de cosecheros.

La visita comienza en la sala de catas y tienda, donde nos recibe Esther, tras las presentaciones nos vamos directamente al viñedo. La gran mayoría es tempranillo y está en un momento muy bonito, pues los brotes están creciendo y ya tienen esa forma de racimo característica.

Con ella disfrutamos del paisaje y nos situamos, Torre de Oña está muy cerca de la Sierra de Cantabria, en plena Rioja Alavesa y con ella hablamos de sostenibilidad, con detalles como el refugio de microfauna que nos enseña y nos fijamos en detalles como la hierba que crece entre las vides, de manera que acoge a muchos insectos (que no atacan la vid, al tener su propio sustrato natural para vivir y alimentarse).

Después de comentar el cultivo de la vid y los trabajos inherentes a una explotación de este tamaño pasamos al interior de la bodega y recorremos la sala de depósitos. Son 18 depósitos tronco cónicos de 21.000 litros y nos explica el proceso de despalillado y cómo funciona la mesa de selección óptica, donde un sistema de inteligencia artificial elimina las uvas no válidas antes de pasar al estrujado y a la vinificación. Luego vemos la sala de barricas (2.000) donde los trasiegos se hacen a mano, pero cada barrica lleva un dispositivo electrónico con la trazabilidad de su contenido. Tradición y modernidad se dan la mano.

Finalizamos el recorrido interior por el comedor privado. Decorado en tonos azules nos resulta muy elegante y evocador, pues a través de un cristal tiene vistas a la sala de barricas y por las ventanas al viñedo. Ideal para comidas de grupo, disponible de lunes a viernes al mediodía.

Ya nos faltaba lo más importante, la cata. Esther había pensado en el interior porque el día estaba fresco, pero fue mejorando así que la disfrutamos en una mesa exterior al amparo de los muros de la bodega y rodeados de viñedo.

Pudimos probar el Lagar de Cervera, Albariño de Rías Baixas, el Torre de Oña, reserva de 2016 y el Finca Martelo, reserva de 2016. El Lagar de Cervera es un albariño delicios, de mi zona favorita, El Rosal, pero nos daba más curiosidad la comparativa de los tintos.

Para mi el Finca Martelo es excelente, muy equilibrado con todo el sabor de La Rioja, sin ninguna arista y un retrogusto largo y marcado donde se aprecian las frutas rojas. El Torre de Oña, también fantástico, pero para mi gusto con un toque más fresco y con los taninos más marcados.

Una jornada excelente y una gran experiencia de conocimiento sobre el Rioja gracias a Esther, su paciencia y su familiaridad, alargando la visita  y pudiendo disfrutar con mucha calma de la cata. ¡Volveremos! Ya convertidos al Martelismo, eso sí…